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Espacio de consulta de Aleix Hildebrandt, psicólogo especializado en EMDR en Manresa y La Seu d'Urgell

Cómo es una sesión de EMDR: lo que puedes esperar

Una de las preguntas que me hacen con más frecuencia cuando propongo el EMDR a un paciente es: «¿pero exactamente, cómo es? ¿qué haremos?». Entiendo la inquietud. El EMDR genera mucha curiosidad —y algunos malentendidos— porque es diferente de una terapia de conversación convencional. En este artículo te explico, fase por fase y desde mi práctica clínica, cómo es realmente una sesión de EMDR y para qué puedes prepararte.

Cuando presento el EMDR a un paciente por primera vez, la reacción suele oscilar entre la curiosidad y cierta cautela. Es lógico: escuchar que «moveremos los ojos de un lado a otro mientras piensas en un momento difícil» suena, como mínimo, extraño. Por eso creo que una de las cosas más útiles que puedo hacer —tanto en la consulta de Manresa como en las sesiones online— es explicar exactamente cómo funciona una sesión de EMDR, paso a paso, sin mistificaciones ni simplificaciones excesivas.

El EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing, o Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) no es una terapia mágica ni un procedimiento misterioso. Tiene una estructura muy clara, dividida en ocho fases, y dentro de cada sesión seguimos un protocolo preciso que garantiza que la persona está preparada, que el procesamiento sea seguro y que cada sesión tenga un cierre adecuado. Déjame explicarte cómo es, por dentro.

Antes del procesamiento: la preparación es esencial

Un error frecuente en la comprensión popular del EMDR es creer que el tratamiento consiste simplemente en «mover los ojos y revivir el trauma». No es así. Antes de activar ningún recuerdo doloroso, dedicamos un tiempo —a veces varias sesiones enteras— a prepararnos adecuadamente. Esta fase de preparación es, en mi opinión, una de las más importantes de todo el proceso.

Durante la preparación, trabajo dos herramientas fundamentales con el paciente:

  • El recurso de calma: es un lugar imaginario —un espacio real o inventado— donde la persona se siente completamente segura y tranquila. Puede ser una playa, una habitación de la infancia, un jardín, cualquier cosa. Trabajamos para hacerlo tan vivo y accesible como sea posible: cuál es el olor de ese lugar, la temperatura, el sonido. El objetivo es que, si durante el procesamiento aparece una activación emocional demasiado intensa, la persona pueda volver a ese recurso de manera rápida y eficaz para regularse.
  • El contenedor: es una metáfora para guardar temporalmente lo que aparece durante la sesión pero que no podemos procesar en ese momento. Imaginamos una caja fuerte, un baúl, un contenedor de cualquier tipo donde depositaremos el material que surja y que dejamos para una próxima sesión. Saber que lo que aparece no tiene que resolverse ahora y que puede guardarse de manera segura da mucha tranquilidad.

No empezamos el procesamiento hasta que estoy seguro de que el paciente tiene suficientes recursos para contener lo que puede aparecer. En casos de trauma complejo o disociación, esta fase puede durar semanas. No es una pérdida de tiempo: es el cimiento que hace que el procesamiento sea posible y seguro.

La identificación del recuerdo diana

Una vez que la persona es suficientemente estable y tiene los recursos necesarios, empezamos a identificar el «recuerdo diana»: el recuerdo o la experiencia concreta que trabajaremos en esa sesión. Normalmente es el momento de máxima intensidad emocional relacionado con la dificultad que ha traído a la persona a consulta.

Para identificar el recuerdo diana, uso un protocolo específico que incluye varias preguntas:

  • ¿Cuál es la imagen que mejor representa lo peor de aquel momento?
  • Cuando piensas en esta imagen, ¿qué creencia negativa tienes sobre ti mismo o ti misma? (Por ejemplo: «no soy suficientemente bueno», «no estoy a salvo», «no tengo el control».)
  • ¿Qué creencia positiva te gustaría tener en su lugar? (Por ejemplo: «puedo gestionarlo», «estoy a salvo ahora», «valgo».) ¿Y cuánto crees, en una escala del 1 al 7, que esta creencia positiva es verdad?
  • ¿Qué emociones aparecen cuando conectas con esta imagen y con la creencia negativa?
  • ¿Dónde notas estas emociones en el cuerpo?

La escala SUD: medimos el malestar

Antes de empezar el procesamiento, siempre mido lo que en EMDR se llama el SUD: las Subjective Units of Distress, o unidades subjetivas de malestar. Le pido al paciente que, en una escala del 0 al 10 —donde 0 es ningún malestar y 10 es el máximo malestar imaginable—, valore la intensidad de lo que siente cuando conecta con el recuerdo diana.

Esta puntuación es importante por varias razones. Primero, nos da una línea de base: sabemos desde dónde partimos. Segundo, nos permite monitorizar la evolución a lo largo de la sesión: iremos midiendo el SUD periódicamente para ver si la intensidad emocional disminuye. El objetivo del procesamiento es que la puntuación SUD llegue a 0 o 1: que el recuerdo pueda recordarse sin la activación emocional intensa que había al principio.

No siempre llega a 0 en una sola sesión, y eso es perfectamente normal. El procesamiento puede continuar entre sesiones y reanudarse en la siguiente.

El procesamiento: la estimulación bilateral y «dejar ir»

Aquí llega la parte que más sorprende y que, a la vez, suele ser la que genera más preguntas. Una vez que hemos establecido el recuerdo diana y el SUD inicial, empezamos el procesamiento con estimulación bilateral.

La estimulación bilateral es lo que diferencia el EMDR de otras terapias. Puede ser de tres tipos:

  • Movimientos oculares: el más clásico. Sigues mi dedo —o un objeto, o un punto de luz— de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, de manera rítmica, mientras mantienes en mente la imagen del recuerdo diana.
  • Tapping: pequeños toques alternos en las manos o las rodillas. Muy usado en sesiones online o cuando el movimiento ocular no resulta cómodo.
  • Estimulación auditiva: sonidos alternos en el oído izquierdo y derecho, normalmente a través de auriculares.

Durante el procesamiento, lo que le pido al paciente es algo que suena sencillo pero que requiere cierta práctica: «limítate a observar lo que aparece». No tienes que analizar, no tienes que buscar sentido, no tienes que recordar correctamente. Simplemente observas lo que aparece —imágenes, sensaciones, pensamientos, emociones, recuerdos nuevos— y me lo dices cuando paro los movimientos. Yo no guío el procesamiento ni te digo lo que deberías sentir. Tu cerebro sabe el camino; yo acompaño.

Cada serie de estimulación bilateral dura entre 20 y 40 segundos aproximadamente. Paro, te pregunto «¿qué aparece?» o «¿qué notas?», tú me respondes brevemente y, si el procesamiento sigue avanzando, volvemos a iniciar otra serie. Sesión tras sesión, el cerebro va integrando la información traumática, reduciendo la carga emocional y construyendo conexiones nuevas con recuerdos y recursos más adaptativos.

La integración: instalar la cognición positiva

Una vez que el SUD ha bajado a 0 o 1, hacemos lo que en EMDR se denomina la instalación de la cognición positiva. ¿Recuerdas la creencia positiva que habías identificado al principio («estoy a salvo ahora», «puedo gestionarlo»)? Ahora te pido que la conectes con la imagen del recuerdo diana —que ya no activa el malestar de antes— y hacemos unos cuantos sets de estimulación bilateral para reforzar y consolidar esa conexión.

Medimos la VOC (Validity of Cognition, o validez de la cognición), una escala del 1 al 7 que indica cuánto crees ahora que la creencia positiva es verdad. El objetivo es que llegue a 6 o 7. Cuando la cognición positiva se instala de verdad, no es un esfuerzo de voluntad creerla: simplemente, es lo que notas como cierto cuando piensas en el recuerdo que estamos trabajando.

Después hacemos un escáner corporal: recorro mentalmente el cuerpo de arriba a abajo y verifico si queda alguna tensión, sensación o incomodidad física asociada al recuerdo. Si aparece algo, hacemos unas series adicionales hasta que el cuerpo esté limpio.

El cierre: no te vas «a medio procesar»

El cierre es una fase que nunca omito, independientemente de cómo haya ido la sesión. Sirve para asegurar que la persona sale de la sesión en un estado de equilibrio suficiente, con todos los recursos que necesita para los días que vienen hasta la próxima cita.

Si la sesión ha sido completa —es decir, si hemos conseguido procesar el recuerdo hasta un SUD de 0 o 1 e instalar la cognición positiva—, el cierre es breve: unos minutos para volver al presente, respirar y hablar de cómo se ha sentido el proceso.

Si la sesión ha sido incompleta —porque el tiempo se ha acabado o porque el material que ha aparecido es muy intenso—, el cierre es más activo: usamos el contenedor para guardar de manera segura lo que ha aparecido, volvemos al recurso de calma para estabilizarnos, y hablamos de cómo gestionar lo que pueda surgir entre sesiones.

Mitos que desactivo en mi consulta

A lo largo de los años, he escuchado los mismos miedos y malentendidos muchas veces. Quiero deshacer los principales:

  • «Me hipnotizará»: el EMDR no es hipnosis. En ningún momento pierdes la consciencia, te quedas dormido o entras en un estado alterado. Estás plenamente presente, me escuchas y puedes detener la sesión cuando quieras.
  • «Perderé el control»: el protocolo de EMDR incluye mecanismos explícitos para que nunca te sientas desbordado o desbordada. La preparación, el recurso de calma y el contenedor existen precisamente para eso. Yo siempre estoy atento a tu nivel de activación y reduzco el ritmo si es necesario.
  • «Será como en una película, reviviré el trauma de forma intensa»: el procesamiento con EMDR no es una inmersión traumática. Lo que pido es que mantengas la imagen del recuerdo «a cierta distancia», como si la vieras en una pantalla mientras paseas por la sala. No se trata de volver a vivir el trauma: se trata de procesarlo desde un lugar de seguridad.
  • «Tendré que hablar mucho de lo que me pasó»: el EMDR es, paradójicamente, una de las terapias donde menos se habla del detalle del trauma. No necesito que me expliques todo lo que ocurrió. Puedo trabajar con la imagen y las sensaciones sin que tengas que verbalizar cada detalle si no quieres.

Sesiones de 90 minutos: por qué las prefiero

Las sesiones de EMDR las ofrezco habitualmente en formato de 90 minutos cuando estamos en la fase de procesamiento activo. Hay una razón muy práctica: el protocolo tiene varias fases, y comprimir todas en 60 minutos implica a menudo o bien no entrar suficientemente en el procesamiento o bien no tener tiempo para un cierre adecuado.

Con 90 minutos, podemos dedicar los primeros 15-20 minutos al check-in (cómo ha sido la semana, qué material ha aparecido entre sesiones), 50-60 minutos al procesamiento activo y 15-20 minutos al cierre e integración. Esta estructura da mucho mejores resultados y, sobre todo, la persona sale de la sesión estabilizada.

Para las sesiones de preparación o las de revisión —sin procesamiento activo de recuerdos—, 60 minutos es suficiente.

Por qué a veces empeora ligeramente entre sesiones

Quiero hablar de algo que no siempre se explica bien y que puede generar alarma si no se anticipa: entre sesiones de EMDR, especialmente las primeras sesiones de procesamiento, puede aparecer material emocional nuevo. Sueños vívidos, imágenes que surgen espontáneamente, cierta irritabilidad o una mayor sensibilidad emocional durante unos días.

Esto no significa que el tratamiento esté haciendo daño. Significa que el procesamiento neuronal continúa fuera de la consulta. El cerebro sigue trabajando, creando conexiones nuevas, integrando la información. Es como cuando empiezas a hacer deporte: los primeros días los músculos duelen, no porque el deporte haga daño, sino porque se están adaptando.

Por eso, en la fase de procesamiento activo, siempre indico a mis pacientes que:

  • Cuiden el sueño y eviten tomar alcohol o sustancias que puedan interferir con el procesamiento.
  • Tengan el recurso de calma a mano y lo practiquen si aparece algún material intenso.
  • Se permitan anotar lo que aparece —imágenes, pensamientos, sensaciones— para trabajarlo en la próxima sesión.
  • Me contacten si sienten que el material que aparece los desborda.

Generalmente, esta fase de mayor activación entre sesiones es transitoria. Pasadas unas semanas de procesamiento, la mayoría de pacientes describe una sensación creciente de ligereza y alivio.

Si te preguntas si el EMDR puede ser una opción para ti, lo mejor es que lo hablemos directamente. En la primera visita —sin compromiso y a 60€— hago una valoración de tu caso, te explico si el EMDR es el enfoque adecuado y, si es que sí, te detallo exactamente cómo abordaríamos el proceso. Puedes contactarme por WhatsApp al 611 75 70 76 o hacer clic en el botón de abajo.

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Preguntas frecuentes sobre las sesiones de EMDR

¿Cuánto dura una sesión de EMDR?

Una sesión de EMDR suele durar entre 60 y 90 minutos. En las primeras sesiones de preparación, 60 minutos suele ser suficiente. Cuando estamos en la fase activa de procesamiento, prefiero sesiones de 90 minutos: permiten activar el recuerdo diana, procesarlo en profundidad y cerrar adecuadamente sin dejar a la persona a medias. La duración es un aspecto que consensuamos en la primera visita según las necesidades de cada caso.

¿El EMDR me hipnotizará o perderé el control?

No, el EMDR no es hipnosis ni tiene nada que ver con ella. Durante todo el procesamiento eres plenamente consciente de lo que ocurre: recuerdas dónde estás, me escuchas, puedes detener la sesión cuando quieras y eres tú quien decide hasta dónde llegamos. No pierdes el control en ningún momento. Tu papel es activo: observas lo que aparece y me lo comunicas. Yo no te guío ni te digo lo que tienes que sentir o pensar.

¿Para quién es adecuada la terapia EMDR?

El EMDR está indicado principalmente para personas que han vivido experiencias traumáticas —accidentes, abusos, pérdidas repentinas, violencia, traumatismos de la infancia— y que presentan síntomas de TEPT o respuestas emocionales intensas que parecen desproporcionadas al presente pero que en realidad se arrastran del pasado. También se utiliza en fobias, duelo complicado, ansiedad de raíz traumática y algunos trastornos del estado de ánimo. En la primera visita hago una valoración para determinar si es el enfoque más adecuado para tu caso.

¿Por qué a veces me siento peor entre sesiones de EMDR?

Entre sesiones de EMDR es habitual que aparezcan fragmentos de recuerdos, emociones intensas, sueños vívidos o cierta agitación. Esto no significa que el tratamiento esté yendo mal: es la señal de que el procesamiento neurológico continúa fuera de la consulta. El cerebro sigue integrando la información que hemos activado. Por eso, entre sesiones, es importante cuidarse: dormir bien, evitar el consumo de alcohol y disponer de algún recurso de calma que habremos trabajado juntos previamente.

¿Cuántas sesiones de EMDR necesitaré?

Depende del tipo y la complejidad del trauma. Un trauma de incidente único —un accidente, por ejemplo— puede resolverse en 3 a 6 sesiones de procesamiento. Los traumatismos complejos, repetidos o de inicio en la infancia requieren más tiempo, a menudo meses, porque hay múltiples recuerdos diana que trabajar y porque la fase de preparación necesita ser mucho más sólida. En la primera visita hago una valoración y te doy una estimación realista del proceso que podemos esperar.